Desde que vivo en París se ha acabado mi paz interior (tampoco es que tuviera mucha, pero la poca que tenia se ha quedado off).
Cuando le dices a alguien que vives en París, lo primero que piensan es que vives en un precioso piso Vintage en la Avenida Montaigne con vistas a la Torre Eiffel, donde te despiertas con olor a croissant, mientras suena La Vie en Rose de Édith Piaf.
La verdad es muy distinta, aunque no deja de ser bonita. En este tiempo me he convertido en una verdadera maestra del “savoir vivre” parisino.
Aunque la verdad es que aun no se si es cierto, o es un Cliché, lo del mal genio de los parisinos, lo cierto es que cada año París lidera el ranking de ciudades más antipáticas del mundo e incluso la medicina psiquiátrica ya ha descrito el “síndrome de París”.
Yo ante esto he decidido convertirme en una experta de la bordería y la arrogancia parisinas, siguiendo el dicho “si no puedes con ellos, únete a ellos”. Pero se ve que me he pasado de la raya.
